Sin embargo, elegir el color correcto para un folleto no es solo cuestión de impacto visual, sino de intención. El amarillo también es muy llamativo porque refleja mucha luz y destaca a distancia, aunque en exceso puede cansar la vista. El naranja combina la energía del rojo con la visibilidad del amarillo, lo que lo hace muy efectivo para promociones dinámicas.
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El azul funciona distinto. No es el más “gritón”, pero transmite confianza y profesionalismo. Es muy usado en empresas, servicios y marcas que buscan credibilidad más que urgencia. El verde, por su parte, se asocia con salud, naturaleza y tranquilidad, ideal para negocios relacionados con bienestar o productos orgánicos.
En impresión, además del color, importa mucho el contraste. Un rojo sobre fondo blanco o un amarillo sobre negro resaltan mucho más que colores sin contraste. De hecho, un folleto bien diseñado con contraste fuerte puede destacar más que uno con colores brillantes mal combinados.
También influye el contexto. Si todos los folletos alrededor son rojos, uno azul puede llamar más la atención precisamente por ser diferente. Por eso, lo más efectivo no siempre es el color más intenso, sino el que mejor se diferencia del entorno.
En resumen, el rojo suele ser el color más llamativo en un folleto impreso, pero el mejor resultado se logra combinándolo con buen diseño, contraste y un mensaje claro. Más que el color en sí, lo que realmente capta la atención es cómo se usa.


